Durante la pandemia de 2020, pasé la mayor parte del tiempo en casa, limitando mis salidas a compras esenciales, visitas al médico y diligencias estrictamente importantes. La falta de contacto con el exterior y la rutina constante me provocaron niveles de ansiedad que, en ocasiones, fueron tan altos que tuve que recurrir a medicación para controlarla. Sin embargo, había algo que siempre lograba calmarme de forma natural: salir con mi cámara y explorar nuevos entornos. La fotografía se convirtió en mi refugio, mi manera de mantener la mente ocupada y, al mismo tiempo, compartir momentos de belleza pura con quienes me siguen en mis redes sociales.
Nunca había estado en Potrerillos, a pesar de haber vivido gran parte de mi vida en la provincia de Chiriquí. La curiosidad por este lugar me invadió de repente, y decidí que era el momento perfecto de conocerlo por mí mismo. Planifiqué el viaje con extremo cuidado, asegurándome de respetar todas las medidas de seguridad sanitaria vigentes en ese entonces y verificar el reporte del clima para garantizar buenas oportunidades fotográficas. No quería que nada interfiriera con la experiencia: Potrerillos merecía ser capturado en todo su esplendor.
Salí temprano por la mañana, lleno de entusiasmo y con el equipo listo. Para guiarme, utilicé una aplicación de mapas que me indicaba la ruta exacta hacia la vía principal. A los pocos minutos de iniciar el viaje, me encontré con paisajes rurales que parecían postales dignas de promoción turística internacional. Cada curva de la carretera ofrecía nuevas perspectivas, y el clima se volvía cada vez más fresco y agradable, haciendo que el recorrido fuese un verdadero deleite.
No pude evitar detenerme cada ciertos minutos a un costado de la vía para capturar la magia del paraje. Desde colinas verdes que se extendían hasta donde alcanzaba la vista, hasta pequeños riachuelos que corrían cantarines entre las piedras; cada escena era un regalo visual. Sentí que, por primera vez, comprendía por qué Potrerillos despertaba tanto la curiosidad de apasionados fotógrafos y viajeros de todas partes.
Durante el trayecto, aprecié cómo la luz dorada del sol atravesaba las nubes matutinas, iluminando la geografía de manera única y creando juegos de sombras y reflejos que solo podían ser capturados con paciencia y una atención meticulosa. Cada fotografía que tomaba se sentía especial, no solo por su composición estética, sino también por el momento personal que representaba: un auténtico respiro en medio de la ansiedad, un instante de libertad en tiempos de confinamiento.
Además de la evidente belleza natural, lo que más me cautivó fue la profunda tranquilidad del lugar. La poca afluencia de personas permitió que pudiera disfrutar del entorno sin interrupciones, logrando una conexión genuina con la naturaleza. Cada sonido —desde el canto sutil de las aves hasta el murmullo del viento meciente entre los árboles— se percibía mucho más intenso y revitalizante. Fue un recordatorio invaluable de lo vital que es salir al aire libre y despejar la mente.
Al final de la jornada, regresé a casa con una serie de capturas que no solo retrataban los horizontes de Potrerillos, sino también la hermosa sensación de paz y emoción que experimenté en cada kilómetro del recorrido. Compartir esas imágenes en mis espacios digitales me permitió mostrarle a mi comunidad la magia de un rincón que muchos aún pasan por alto, y recibir sus mensajes positivos hizo que la experiencia valiera doblemente la pena.
Visitar Potrerillos fue mucho más que un simple paseo de campo: se convirtió en un proceso de descubrimiento, relajación e integración ambiental. Me demostró con creces que, incluso muy cerca de nuestros hogares, existen rincones fascinantes esperando ser valorados. Para todo aquel que busque un escape del ruido urbano, aire puro y paisajes majestuosos, Potrerillos es, sin duda alguna, un destino chiricano obligado.
📸 Galería Fotográfica: Postales desde Potrerillos
Concluyendo este viaje, tengo la absoluta certeza de que Potrerillos se ha consolidado como uno de mis enclaves predilectos para capturar arte con la cámara. Y tú, ¿has visitado esta región? ¡Cuéntame en los comentarios!
Amo mi provincia, mi distrito, amo ese adorable clima, paisajes únicos.
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